Recent article published on MakingHistoryNow.com, Colonial Williamsburg ‘s official blog.

This article is a response to my month-long residency at Colonial Williamsburg published on their official blog, MakingHistoryNow.org My residency in Williamsburg will remain a shining time in my life and in my family’s. I remain forever indebted to Colonial Williamsburg Foundation for its generous recognition of my work. Look for “Miralles & Rendon” a new play I’m writing describing the strange sojourn of Spain’s first, de facto ambassadors to the recently named country: “The United States of America.”

 

 

Reflections of a Revolutionary in Residence

“Papi, am I a princess?” “Yes, Anabella, you are. But we all are. In our country every one of us is a king or a princess,” I said, echoing the words of young Mr. Jefferson as played by Kurt Smith.

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Knowing at 50

“In Buddhism, the term anattā (Pali) or anātman (Sanskrit) refers to the doctrine of “non-self”, that there is no unchanging, permanent self, soul or essence in living beings.” -“Anatta,” Wikipedia. https://en.wikipedia.org/wiki/Anatt. In the Zen tradition, coming to that awareness is called the “Great Death.” In western, psychological terms we would describe it the death of the ego. Ridding oneself of the fallacious “self”  is considered as the only one, true death in Buddhist orthodoxy.

Knowing at Fifty

Everything stems from a certitude that time is running out
…You use hourglass metaphors without a hint of irony

Cleaning electric razors upset you because there’s only white stubble
…You actually choose one side of the bed over the other

Sex is a rarely-visited, exotic destination
…you buy a selection of colognes as consolation.

Women don’t look back at you when you walk past
…so dogs become a sudden and unanticipated blessing

Your attention is directed to leaves,
…fallen, veiny and brittle

You pick up other people’s trash the flotsam/jetsam of more earnest (read “younger”) people.

You’re good with your hands in your pockets
…and fondly remember telegraphs you once received.

Younger People indulge you, each one of their smiles a charitable gift
…and so you smile back, gratefully.

Your wife doesn’t come to you when you call for her
…but yells “WHAT??!” from the other room.

Blessing to know that “You” are, after all, a lie
… so good to die the One True Death.

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Five Rarely Seen Photos of Normandy 1944

Today is 6th June: the anniversary of D-Day, when Allied forces landed on the Normandy coastline. D-Day and Normandy has prompted thousands of books, and during the campaign many thousands of photos were taken on both sides of the battlefield. These are a small selection of rarely seen images.

 

I wanted to post this today, the 73 anniversary of D-Day, Northern France, follow the link to read more.

The pictures above are from a website authored by Mr. Paul Reed, an historian who divides his time between France and England. He can be seen on @BBC & @Channel4 with specialism in WW1 & WW2.  Author with @penswordbooks. Battlefield guide @LegerHolidays. Founder of @the_worldatwar website.

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JUAN MIRALLES TRAYLLÓN, A Merchant from Havana who died in Washington’s Home

JUAN MIRALLES TRAYLLÓN, EL ESPAÑOL QUE MURIÓ EN LA CASA DE GEORGE WASHINGTON

por Luis Manuel Moll Juan

“En plena guerra de la independencia, este español, ayudó a George Washington a obtener la victoria sobre las fuerzas inglesas.”

Juan de Miralles Trayllón, nació en la localidad alicantina de Petrer el 23 de julio de 1713, hijo de un capitán de infantería, que defendió la causa del rey Felipe V durante la guerra de la Secesión Española.

Su padre, que compartía su procedencia bearnesa con la mayoría de los franceses radicados en el levante español en aquella época, se había mudado a Alicante como oficial de las tropas felipistas para liderar los combates contra los partidarios del archiduque Carlos de Austria que se estaban librando en las inmediaciones de Petrer. Habiendo heredado la hacienda familiar, cercana a la villa de Monein, regresó a la Navarra francesa con la intención de restaurar la mansión —todavía se puede leer la inscripción “1731” en la clave del arco de entrada— e instalarse definitivamente en ella con su familia. Algo con lo que el joven Juan no parecía estar muy de acuerdo, pues cuatro años más tarde retornaría a España para no volver nunca más a Manaud.

En el año 1740, desembarca en a ciudad de La Habana, en Cuba, con unos 8400 pesos atesorados a lo largo de unos ocho años en España. Este destino de la Habana, no fue escogido por casualidad, la ciudad y su puerto eran los principales de todo el abanico del Nuevo Mundo debido a su estratégica situación dentro del Caribe.  Comenzó a trabajar con mercaderes ingleses y en el 22 de agosto de 1744 se casa con doña María Josefa Eligio de la Puente y González Cabello, hija de una de las más acaudaladas familias de la isla y descendiente de  un gobernador de la Florida, lugar éste, donde Miralles pudo encaminarse para hacer sus negocios variopintos, desde la compra de buques hasta la venta de esclavos.

Juan Miralles

Juan Miralles

Miralles formó parte de la Compañía Gaditana de negros, que fue la empresa negrera más grande creada en el imperio español. Estas actividades encubrían su faceta de espía para la corona de España, dando en algunas ocasiones informaciones cruciales sobre los movimientos de tropas inglesas en la zona.

Tuvo buenos amigos entre los agentes a las órdenes de Floriblanca,, de ellos destaca el capitán Francisco Bouligni, que a postre se casó con un familiar de su mujer. Creó una red de espías a través del arco caribeño que fue fundamental para los intereses españoles en la zona, exponiendo inclusive en alguna ocasión su propia vida.

En el año 1777, partió desde La Habana, a bordo de la goleta Nuestra señora del Carmen, con rumbo a Charleston, pasando posteriormente a la ciudad de Philadelphia, donde hizo amistad con el embajador francés para los Estados Unidos  Conrad Alexander Gêrad. 

Carta secreta dirigida por D. Diego José Navarro al ministro de Indias José de Gálvez, informándole de la elección de Miralles y Eligio de la Puente como espías. Crédito: PARES.

Miralles, durante esa época, efectuó grandes negocios a través de sus rutas marítimas y con barcos fletados por él mismo, entre la ciudad de La Habana y Philadelphia. Dado su carácter, jovial y abierto, se hizo rápidamente conocedor de los ambientes aristocráticos de Philadelphia y, en alguna de las grandes cenas que celebraba en su villa, acudió el general George Washington, el marqués francés Lafayette, así como varios congresistas estadunidenses y embajadores franceses.

Miralles, como delegado de la corte de Madrid, encauzó grandes donaciones en ropa de abrigo, pólvora, armas, medicinas, etc. hacia las tropas del general Washington, a través de la ciudad española de Nueva Orleans, Don Bernárdo de Gálvez gobernador de la Luisiana, y don Francisco Bouligny, controlaban directamente estas donaciones secretas. De este modo y de otros, como el de entretener a las tropas inglesas  en la defensa de  la frontera del Mississippi, (impidiendo a estos el agruparse para combatir contra las formaciones del general Washington. Bouligny), fue el encargado de mantener a raya “a través de las labores de distracción” a las tropas inglesas hasta la batalla de Pensacola en el año 1781.

Miralles, se presento al general Washington con una carta de credenciales redactada por Diego Jose Navarro  en la que se alababan sus cualidades como persona  y muy pronto surgió una admiración y respeto mutuos, estableciendo un fuerte vínculo de amistad entre ellos.

El efecto causado por el futuro primer presidente de los Estados Unidos en Miralles  fue muy impresionante, hasta el punto que en sus informes que redactaba a La Habana se deshacía en elogios hacia el mandatario; llegó a encargar al pintor Charles Wilson Peale, once cuadros del general. Esta  relación con el general, le supuso un impulso de entusiasmo a la causa independentista norteamericana que llegó ha hacer como suya propia.

Uno de los retratos de Washington encargados por Miralles al pintor Wilson Peale

Apunto de cumplir los 67 años, el 19 de abril de 1780, llegó  a Nueva Jersey,  Las inclemencias del tiempo le hicieron  enfermar de una pulmonía con vómitos de sangre. Se alojó en la casa de Ford, mansión del general Washington, futura residencia del Presidente de Estados Unidos,  y a pesar de disponer de los mejores médicos personales y la atención especial de Martha – mujer del general – falleció el 28 de abril de 1780. Fue enterrado con los honores del ejército estadounidense  en el cementerio presbiteriano de Morristown. En el verano de 1780, sus restos fueron trasladados y depositados en la cripta de la iglesia del Espíritu Santo en La Habana

Después de su muerte en abril de 1780, Juan de Miralles se convirtió en el primer extranjero que recibió un funeral militar en Estados Unidos, aunque el país aún no había ganado la guerra y no era reconocido internacionalmente como un país independiente.

Washington, profundamente afectado por el fallecimiento de su amigo, escribió al gobernador español de Cuba, así como la viuda de Miralles ensalzando las maravillosas cualidades de su nuevo amigo y partidario político.

Miralles, fue una pieza importante en el comercio, la cultura y en los avatares políticos españoles del Caribe. ¡Y qué decir en la Historia de Estados Unidos

Nota:

Vicent Ribes, Catedrático de la Universidad de Valencia, en su artículo publicado en la revista Historia Moderna en su número 16,  NUEVOS DATOS BIOGRÁFICOS SOBRE JUAN DE MIRALLES, nos dice de Miralles lo siguiente:El carácter secreto de esta ayuda económica -hay que recordar que España no estaba oficialmente en guerra con Inglaterra- hace que hoy sea imposible calcular las cantidades de dinero enviadas por España y qué parte de esos capitales salían directamente de la fortuna privada de Miralles. El hecho de que estos trasvases de dinero se realizasen a través del conde de Aranda, embajador español en París, ha llevado a
muchos historiadores americanos al tremendo error de confundir dicha ayuda con la que los independentistas recibían de Francia. Pero, para darnos una idea de la trascendencia de la ayuda financiera española, bastará recordar que las inestables economías de los Estados de Virginia, North Carolina, Massachussets, New Hampshire, Connetticut, Rhode Island, Pennsilvania… giraban en torno a esos «Spanish milled dollars» con los que mantenían la insurrección contra Inglaterra. Al mismo tiempo, Miralles, como delegado de la corte de Madrid, encauzó grandes donaciones de ropa de abrigo, pólvora, armas, medicinas, etc. hacia las tropas de Washington, a través de la española ciudad de Nueva Orleans. Don Bernardo de Gálvez, gobernador de Luisiana, y don Francisco Bouligny, controlaban directamente estas donaciones secretas. Algunas, sin embargo, nos son conocidas, y nos permiten afirmar que sin ellas el ejército del general  Washington no hubiese podido resistir los de la independencia. El mes de marzo de 1778 el Congreso de los Estados Unidos envió al capitán Willing y a Oliver Pollock a Nueva Orleans para que recogiesen una donación española de «9.000 varas de paño azul y diez y ocho mil varas de paño tinto de lana de las fábricas de Alcoi, 1.710 varas de paño blanco de id., 2.992 varas de estameña blanca…». Traducido a términos actuales, eso significa que absolutamente toda la ropa de abrigo y uniformes del ejército de Washington procedían de España. En la misma donación se incluían «…6 cajas de quinina, 8 cajas de otras medicinas, 108 rollos de telas de lana y estameña, 100 quintales de pólvora en cien barriles, y 300 fusiles con sus bayonetas en 30 cajas…» En otra ocasión, Franklin hacía patente al conde de Aranda su agradecimiento por haberse recibido en Boston doce mil fusiles de ayuda española… Si consideramos que las tropas del general Washington en Morristown apenas llegaban a cinco mil hombres, calibraremos mejor el sentido de la ayuda española. Pero, por si fuera poco, los españoles, además de dinero y pertrechos, ayudaron a las tropas de Washington de otro modo: manteniendo a los ingleses ocupados defendiendo sus fronteras en el valle del Mississippi y en la Florida, lo que hizo imposible el agrupamiento de las tropas inglesas contra Washington.  D(Los informes que Miralles enviaba a la Corte de Madrid están en el A.H.N., Estado, leg. 3884bis, exp. 6, nos. 1-17. Las noticias sobre los viajes de sus embarcaciones en el A.G.I., Santo Domingo, leg. 944 y 1598. 26. A.G.I., Santo Domingo, leg. 1197. 372)Don Francisco BouIigny fue el encargado de mantener a raya a los ingleses en el valle del Mississippi,llevando a cabo una política militar y de colonización en dichas tierras. Al mismo tiempo, participó, a las órdenes de Bernardo de Gálvez, en las labores de distracción de las tropas británicas en la Florida, que culminaron con la derrota inglesa de Pensacola el año 1781. Bien puede pues afirmarse que sin la colaboración de hombres como Miralles, Gálvez o Bouligny, la independencia de los Estados Unidos hubiese resultado, al menos, mucho más difícil de conseguir.Pero, además, parece que se estableció una corriente de gran simpatía entre el general Washington y Miralles. Una relación amistosa más profunda de lo que la estricta etiqueta establecía para con un representante de una potencia aliada. El 19 de abril de 1780 llegó Miralles, junto con el embajador francés, al campamento de Morristown, donde fueron recibidos con todos los honores. Un tiempo inclemente, sin embargo, había mermado las fuerzas de Miralles durante el camino desde Philadelphia, obligándole a guardar cama en la propia mansión Ford, donde Washington se hallaba hospedado. A pesar de contar con los cuidados de los mejores médicos disponibles, y atendido solícitamente por el general y su familia, Miralles falleció de una pulmonía el 28 de abril de 1780. Hasta que pudisen ser trasladados sus restos a La Habana, Miralles fue enterrado, lujosamente amortajado con excelentes ropas y un derroche de pedrería, en una ceremonia presidida por Washington, y con el ejército estadounidense rindiéndole honores por decisión de su general, en el pequeño cementerio presbiteriano de Morristown. La estimación de Washington por Miralles quedó reflejada en multitud de ocasiones, pero pueden servir de ejemplo estas frases escritas por el general al embajador francés -«…las atenciones y los honores rendidos al Sr. de Miralles… fueron dictados por la sincera estimación que siempre le tuve»-, a su viuda -«Todas las atenciones que me fue posible dedicar a su fallecido esposo fueron dictadas por la amistad que sus dignas cualidades me habían inspirado»-, o al mariscal Navarro, capitán general de Cuba -«I the more sincerely sympathize with you in the loss of so estimable friend, as ever since his residence with us, I have been happy in ranking him among the number of mine. It must however be some consolation to his connexions, to know that in this country he has been universally esteemed and will be universally regretted»-.

ESTE PERSONA, TRANSCENDENTAL EN LA HISTORIA, SI FUESE INGLES O FRANCES, TENFDRÍA UN GRAN MONUMENTO A SU MEMORIA, PERO… NACIÓ EN  ESPAÑA, Y AQUÍ A NUESTRO´HÉROES LOS DEJAMOS CASI OLVIDADOS, COMO QUE NOS MOLESTAN. DESDE ESTAS LETRAS REVINDICO LA PERSONALIDAD, REVINDICO LA HISTORIA DE ESTE PERSONAJE PARA QUE SEA TRATADO COMO MERECE, QUE NI SIQUIERA EN SU PUEBLO UNA CALLE TIENE.

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Mahāyāna School of Buddhism from Sri Lanka, a Primer

The Buddhist Path – Footprint of the Buddha

A look at how Buddhism is practiced in Sri Lanka and India. Ronald Eyre meets [the late] Venerable Ananda Maitreya a Buddhist monk from Sri Lanka. Categories: Ananda Maitreya, Theravada, Video Tags: Buddhist film

I never mention my practice as I guard it very closely in my life. It’s too personal. I’ve been a Buddhist for over 4 years now, after having taken my vows. Please enjoy this primer to the Mahayana School of Buddhism–it’s an oldie but a goodie…

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Colonial Williamsburg: Largest Collection of 18 Century Weapons in the Nation

Building a 400-Year-Old Collection of Weapons

At the Governor’s Palace alone, 230 muskets-including 80 original pieces-are on display along with 18 reproduction pistols and nearly 300 reproduction swords. But that’s just a drop in the bucket when it comes to the arms and militaria collection of Colonial Williamsburg.

At the Governor’s Palace alone, 230 muskets—including 80 original pieces—are on display along with 18 reproduction pistols and nearly 300 reproduction swords. But that’s just a drop in the bucket when it comes to the arms and militaria collection of Colonial Williamsburg.

Palace SwordsErik Goldstein, Curator of Mechanical Arts and Numismatics (coins, paper currency, and medals), showed me some of the highlights of our rather large collection, which contains hundreds of objects the “fighting man of the colonial period carried and used.”

“These rare items span from tiny unit-marked uniform buttons to cannons, artwork, and even a regimental flag of the 1760 period,” he said. Colonial Williamsburg also holds a general’s uniform coat of the sort worn at the Siege of Yorktown. That still isn’t anywhere close to the amount of items we have. In fact, the collection of British military firearms is well known to be the finest and most complete in existence!

Colonial Williamsburg began collecting weapons right from the time it was founded by Dr. W.A.R. Goodwin. After World War II, when much of England was decimated by German bombs, the structure of Death Duties, or inheritance taxes, was changed in order to rebuild Britain. When the next generation inherited grand estates, many couldn’t afford to keep them and the estates were broken up. It was then many pieces went on the market. This was around the time Colonial Williamsburg acquired the Magazine, and we needed to fill it with muskets. Reproduction weapons weren’t really being made, so we had to purchase originals. Erik told me the Foundation wasn’t buying one musket at a time like one might do at a gun show. Instead, we were purchasing 20, 30, even 50 muskets and the majority were acquired between 1949 and the early 1950s.

In his 14 years at the Foundation, Erik has only been able to purchase one infantry musket to fill a hole—that’s how complete the collection of British weapons is.

We currently have more than 300 longarms (which includes rifles, muskets, and fowlers) and nearly 100 pistols as well as dozens of swords dating from 1650-1820. Some of our weapons belonged to famous names of the Revolution, including Nathaniel Greene’s silver-hilted sword and a good chunk of Lord Dunmore’s gun cabinet. If you want to see those weapons, they are mostly on display in the Art Museums of Colonial Williamsburg and the Governor’s Palace. Ask your guide

We also have a South Carolina Royalists belt plate, which Erik says is the only known piece of Southern military silver from the Revolutionary War as well as an unaltered French musket, which was the type of gun Ben Franklin arranged to have shipped over from France.

There are a handful of pieces Erik would like to have in the collection. For instance, he would love to acquire a sea service musket from the French and Indian War period. Erik says we currently have one from a later period, but we don’t have one from that particular time. So if you have one in your family or know where one can be acquired, let us know.

All in all, Colonial Williamsburg’s arms and militaria collection dates back to around 1600 and is rather complete. You can see many of the items on display at the Magazine or the Governor’s Palace, and there’s also an incredible exhibit on display at the Art Museums of Colonial Williamsburg called Lock, Stock, and Barrel. Stay tuned for another blog post about the exhibit!

And if you just can’t get enough, you’ll have a chance to handle 18th-century firearms yourself. Colonial Williamsburg is opening its first-ever educational musket range on March 19. Guests will be able to learn about the history of flintlock weapons and how they were used in colonial Virginia as well as fire the weapons. The price of admission is $119 for ages 14 and up, and anyone under 18 must be accompanied by a parent or guardian. Admission includes instruction, safety equipment, firearms, ammunition and targets.Musket range

For more information, be sure to check colonialwilliamsburg.com or call 855-296-6627.

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